9/14/11

A Winged Victory for the Sullen - A Winged Victory for the Sullen


A Winged Victory for the Sullen, ¿qué clase de título es ese? No planteo la pregunta de manera despectiva, ya muchos pixeles se han dedicado a explicar la hilaridad que induce la preponderancia en el mundo de la música instrumental de títulos largos, pretenciosos y llenos de palabras complicadas. Desde mi acantilado esta cuasi-tradición nunca me ha molestado, y al contrario, me parece casi que un elemento idiosincrático y hasta cierto punto, simpático. Al final de cuentas lo que importa es la música y es por eso que estamos aquí, al borde del precipicio, observando al océano, escuchando como las olas chocan en las piedras.

No sé, tal vez sea un estereotipo, pero cada vez que pienso en acantilados me sumerjo en un paisaje gris y sombrío, un poco de neblina asentándose, las luces lejanas de un faro marcando el pulso del tiempo, una brisa invernal y ya tenemos todos los factores para un disco de ambient perfecto. Pero A Winged Victory for the Sullen va más allá de la mera contemplación, los dos miembros de este proyecto no están tirando sus melodías al fondo del despeñadero (que cuando se hace de manera elegante, no tiene nada de reprochable) sino que las están elevando hacia el cielo, les están dando alas y están buscando ganarle la partida a la melancolía, el albatros de la victoria asciende hacia las nubes, y con él, los recuerdos se vuelven menos pesados.

Cuando escuché la noticia de que Adam Wiltzie (mitad del que es probablemente el proyecto de música ambient más emblemático de la última década, Stars of the Lid) y Dustin OʼHalloran (uno de mis pianistas favoritos y parte esencial de la movida clásica contemporánea) estaban trabajando juntos en un proyecto, no pude evitar emocionarme de sobremanera. Lanzado por Kranky en Estados Unidos y Erased Tapes de manera internacional, con invitados del calibre de Hildur Gudnadottir en el cello y Peter Broderick en el violín, AWVFTS construyó expectativas estratosféricas. Resultado: expectativas satisfechas.


Ahora intentemos describir la música antes de que las victorias aladas se disipen en el horizonte; el contexto: el atardecer. Menciono que la estética sonora es exactamente lo que me esperaba, las melodías delicadas, pacientes y polvorientas de OʼHalloran son el cuerpo y la raíz, mientras que los drones incorpóreos de Wiltzie son el alma y la sangre, uno terrenal y el otro espiritual, ambos simbióticos, ambos colisionando en los espacios de silencio articulado.

La primera canción “We Played Some Open Chords and Rejoiced, For the Earth Had Circled the Sun Yet Another Year” firma con una escritura fantasmal el sonido característico de todo el disco, el piano toma la delantera y el eco de las teclas resuena, reverbera con el lienzo abstracto que pinta Wiltzie en el fondo, el ritmo es pausado y ligero; a pesar de las amenazantes piedras en el despeñadero, parece que flotamos, nuestros movimientos se vuelven dóciles, la ocasional intervención del cello y el violín es más que bienvenida como discretos rayos de sol que logran escapar del velo nuboso. “Requiem for the Static King” está dividido en dos partes, la primera funciona como un preámbulo fúnebre a través del hermoso trabajo de cuerdas, para darle paso a la segunda parte, una de las piezas centrales del disco. El rey estático en cuestión es Mark Linkou, también conocido por su pseudónimo musical Sparklehorse, quien murió hace poco y tenía una estrecha relación con ambos miembros. Su memoria es elevada y su recuerdo queda impregnado en el lienzo.

Nuestro punto de vista ahora le da la espalda al océano, intentamos observar que hay tierra adentro; piedras y humedad, tanta humedad que las teclas del piano adquieren un sonido distinto, como si cada vez que son presionadas algo en ellas muriera para siempre, “Minuet for a Cheap Piano Number Two” empieza y en sus 3 minutos de duración logra convertirse en la pieza más accesible del disco. Más allá de la humedad, montañas, empinadas, “Steep Hills of Vicodin Tears” continúa con nuestra narrativa y su elegancia es como un narcótico, el cello nos habla, nos invita a escalar, a poner nuestra bandera en la cima de la colina, pero somos incorpóreos y nos limitamos a contemplar y a llorar.

Contexto: el sol está a punto de ponerse, dejamos atrás a las montañas, la calma reina en el agua a nuestros pies, el piano recobra su antiguo esplendor, poco a poco el calor entra en nuestro cuerpo, ya no somos aire; tenemos peso. La superficie del lienzo está casi llena, terminamos de la misma manera que empezamos, con una melodía de piano suspendida sobre una base de amplias pinceladas de ambient.

OʼHalloran y Wiltzie han logrado algo espectacular aquí, crearon un disco emotivo y personal, las melodías son íntimas y discretas pero se contraponen con un territorio vasto y majestuoso. Las siete composiciones son un testamento no solo de la melancolía, sino de la reafirmación de la vida; a pesar de que la mortalidad está presente de manera directa en el concepto del disco, es la vida, es el recuerdo hosco y sombrío el que eventualmente desarrollará alas, se elevará y se perderá en el horizonte. En los últimos minutos del disco escuchamos el trinar lejano de pájaros, nuestro albatros victorioso vuela sobre los expirantes rayos del sol y se pierde en el horizonte, fijamos nuestra mirada en el lienzo y está en blanco.

7/20/11

Lüüp - Meadow Rituals


Past the pine woods, after dark, sings a lonely meadowlark
of horse hearts racing through the sky in a line like flying geese

Con esas imágenes pastorales y sombrías inicia Meadow Rituals, segundo álbum de Lüüp, un impresionante colectivo de 19 músicos liderados por el flautista griego Stelios Romaliadis. Con miembros provenientes de Chipre, el Reino Unido, Suecia y Grecia, estamos ante un proyecto compuesto de múltiples mosaicos musicales y culturales; y aunque en una primera escuchada el disco puede sonar algo disperso y contrastante, eventualmente se evidencia una coherencia tanto en la instrumentación como en el concepto. En Meadow Rituals podemos escuchar flauta, harpa, violín, guitarras acústica y eléctrica, balalaica, clarinete, cello, doble bajo, saxofón, mellotrón, piano, fagot, oboe, cítara, campanas y viola.

Aunque Lüüp no es el primer grupo en hacer uso de la naturaleza como el eje temático que une a las composiciones, la absoluta perfección de las melodías, la nitidez en la producción, el uso domado de los muchos instrumentos, la introducción clave de vocales, y en general la ambigüedad en cuanto a celebración de la naturaleza y/o un miedo innato hacia su melancólico dominio hacen de este disco uno de los ejemplos más sobresalientes dentro de esta estética musical.

Tanto el título del disco como el de las canciones evocan paisajes rurales que convergen en un estado ideal del hombre, en completa libertad para expresar los más profundos y arcanos secretos del alma. La música aquí es sumamente ritualista, la atmosfera es mística y esotérica, son las melodías que podrían musicalizar una historia clásica de la mitología antigua. El colectivo aborda el tema de la relación, cada vez más abismal, entre el hombre y la naturaleza, las 8 canciones están dispuestas para permitir la reflexión.

Tratar de catalogar al colectivo dentro de un género sería un ejercicio inútil, y tal vez esa sea una de las razones por las que este disco ha pasado desapercibido por tantas personas, Lüüp se introduce en las armonías del folk, se baña en las mareas de la música clásica contemporánea, juega ambivalentemente con la electrónica, colabora con al menos 4 vocalistas diferentes cuyos rangos y tonalidades son bastantes diferentes. A lo que quiero llegar es que este proyecto no tiene una etiqueta musical que englobe la ruta llena de desvíos que toman los músicos, no hay un mapa del prado, la naturaleza no es unidimensional, la naturaleza no siempre es apacible, puede llegar a matar; para mí la estética “dispar” entre las canciones hace de la experiencia de escuchar este disco algo sumamente gratificante.


El disco empieza de manera elegante con Horse Heart, unos primitivos golpes de bajo introducen le bella voz de Lisa Isaksson, la guitarra acústica acentúa la atmósfera mientras que la flauta se queda en el fondo como un espectador secundario pero imprescindible. El cello a la mitad de la canción engrandece el ritmo de manera majestuosa, ya entramos al bosque, los árboles nos dan la bienvenida pero los pocos rayos de sol se difuminan cada vez más entre el follaje, la oscuridad empieza a hacerse patente. No me atrevo a decir con total seguridad la cantidad de instrumentos que se escuchan en esta pieza, aunque si no me equivoco también hay un harpa tocando sutilmente.

Taurokathapsia empieza con un cello fuerte, la flauta y el clarinete adquieren un papel protagónico en esta pieza. De pronto un violín entra en escena y empieza a dialogar con el cello, el juego de armonías es simplemente maravilloso, la manera en que los instrumentos de viento se complementan con las cuerdas es algo fascinante. En Cream Sky se hace tangible el genio de Romaliadis para manipular la flauta, lastimosamente un instrumento muchas veces relegado de la música popular, el juego entre las dos flautas, una de ellas manipulada electrónicamente es increíble, la voz en esta canción es más prominente y al final se escucha un loop de chasquidos de dedos.

Spiraling es la pieza más larga del disco y su tono es bastante nostálgico, en Roots Growth escuchamos un saxofón errante, esta canción tiene una cierta cualidad de jazz que contrasta con todo el disco, la flauta y el saxofón entablan una conversación intrigante y la batería marca el ritmo, estas melodías no sonarían fuera de lugar en un escenario iluminado por candelas bajo una densa nube de tabaco. See You In Me tiene un juego casi chamánico de voces, hay ruidos en cada sombra, la atmosfera es amenazante a primera vista pero mientras van cayendo las capas nos acercamos a un claro en el bosque.

Ritual Of Apollo & Dionysus tiene la estructura de “música clásica” más palpable y a mi gusto es uno de los puntos altos del disco, en el último minuto un trío de instrumentos de viento crean una armonía traviesa que termina tan abruptamente como empezó. Northern Lights en la última canción y que mejor conclusión que poner al instrumento estrella, la flauta, otra vez como personaje principal; nos hemos acostado en el centro del claro del bosque, miramos hacia las estrellas y pensamos que si estas salieran solo una vez al año, pasaríamos despiertos toda la noche para verlas.

7/12/11

Sam Amidon - I See The Sign

How come that blood all over your shirt?


Es hora de hablar de uno de los discos que más me ha impactado en los últimos meses, a pesar de que Sam Amidon lanzó este, su cuarto álbum, el año pasado, fue hasta hace poco que tuve contacto con su música. Miembro de una de las mejores disqueras de Islandia,Amidon no es solo un talentoso multi-instrumentalista, es también un gran relator de historias, cualidad que le queda como un guante considerando que su música a grandes rasgos es parte del folk contemporáneo, género que ha sido llevado a nuevos niveles de popularidad por personas como Sujfan Stevens.

Sam ha estado expuesto al universo musical desde su nacimiento, hijo de músicos profesionales, desde pequeño se sentaba con su familia a escuchar discos, no solo con el objetivo de disfrutarlos, sino también para analizarlos, criticarlos y discutir acerca de melodías particulares; el contexto familiar es importante de considerar ya que afectó de manera directa la fascinación de Amidon con las canciones populares del Sur estadounidense, principalmente las pertenecientes a la cultura apalache. Banjo, violín y guitarra, definitivamente el crecer en un ambiente creativo lleno de musicalidad juega un papel preponderante en el desarrollo de músicos tan talentosos.

¿Cuál es la esencia del folk? Para muchas personas la raíz está en el sonido, independientemente del origen de la canción, lo que distingue al folk es la instrumentación. Para Amidon es diferente y esa es una de las razones por las que admiro tanto su obra. Él tiene la habilidad de destapar las capas de la historia musical de una pieza particular con el fin de descubrir su identidad verdadera; modificando canciones estadounidenses tradicionales, baladas sobre asesinatos, cuentos populares retorcidos y canciones de niños; el folk propuesto por Sam se materializa en esas viejas historias que nadie conoce, que no tienen autor, que son anónimas y por ende universales.

Para entender mejor este punto tal vez sea útil hacer una comparación entre un cover normal y una interpretación de una canción popular, en el primer caso el artista toma la composición y las letras de otro de manera completa, en el segundo caso, una canción popular es creada y re-creada a lo largo del tiempo por muchas personas, no pertenece realmente a nadie, la peculiaridad y el genio de Amidon radican en la forma en que reinterpreta, cambia y actualiza estas canciones, ya sea modificando la manera de cantarlas, introduciendo arreglos electrónicos u orquestales.


Amidon es un artista que, cuando se presenta en vivo, adquiere diversas personalidades. Un día puede estar tocando en el Carnegie Hall de Nueva York con una orquesta acompañando sus canciones, y al día siguiente puede aparecer en un bar tocando banjo acompañado por solo un percusionista. Esto lo menciono porque en el disco se puede notar esa versatilidad, en “I See The Sign” Amidon cuenta con la colaboración de una serie de artistas realmente envidiable, desde Nico Muhly en los arreglos de cuerdas, viento y piano, Valgeir Sigurðsson encargándose de la producción y masterización, hasta Beth Orton como vocal invitada en algunas canciones. La raíz del sonido es la voz de Sam, la cual no es elegante pero cuyo tono se acopla perfectamente con la estética musical, incluso su voz puede llegar a sonar muy sometida en ocasiones, lo cual no es una debilidad: este es uno de esos casos peculiares donde las alteraciones en el tono de la voz interferirían con la narrativa.

Me encantaría entrar en detalle con las 11 canciones que componen el disco, y de hecho busqué información de cada una de ellas ya que me interesaba conocer su origen, su historia. No logré encontrar datos sobre todas ellas pero creo que logré recopilar un poco de información interesante, la mayoría son canciones tradicionales de los Apalaches estadounidenses, a excepción de “Relief” la cual es un cover de R. Kelly.

How come that blood” es una de mis favoritas, un increíble bajo eléctrico marca el tempo, lo acompaña un piano eufórico muy al estilo de Nico Muhly, la instrumentación se ve alzada por cuerdas. La pieza está basada en una historia popular acerca de un hombre que asesina a su hermano y es cuestionado por su madre, al final el hombre termina huyendo del país en un barco junto a su esposa, dejando a sus hijos atrás. “Way Go Lily” es una canción bastante serena, la guitarra es etérea y el juego de voces es excelente, aparentemente la letra es de un juego popular infantil de los estados del Sur.


You Better Mind” es una vieja pieza de góspel (en youtube se pueden observar versiones de algunos coros adventistas). La canción es original de las Islas del mar de Georgia, el hogar de una comunidad negra muy autónoma, ahí las cosas eran un poco más separadas que en EE.UU. continental donde diferentes tipos de música pasaron a través de distintas razas y mezclas, en estas islas la reclusión permitió el surgimiento de canciones muy particulares, allí los esclavizados africanos solían aceptar el cristianismo debido a que Jesús era declarado como una garantía contra todo daño y peligro, y ese aspecto de espiritualidad y miedo hacia el juicio final se evidencia en las letras. Amidon es acompañado de Beth Orton, las dos voces se complementan perfectamente y la percusión tiene una presencia más notable.

I See The Sign” es un disco accesible, agradable, fácil de escuchar y disfrutable en muchos niveles. En mi opinión su éxito radica en la fluidez con la que logra reinterpretar viejas canciones populares de una manera que no suenan a piezas de museo, sino que tienen un carácter contemporáneo, eterno. A pesar de que la instrumentación es bastante amplia y diversa, nunca eclipsa la melodía principal, es decir, la voz de Sam y su guitarra, violín o banjo siempre son el aspecto central de todas las canciones.

7/10/11

Mihai Edrisch - Un Jour Sans Lendemain

"roi d'un paradis toujours un peu trop lointain"


Para el buen observador, será evidente que el título de este disco es el mismo que el de mi blog, y no es coincidencia ya que en muchos sentidos esta obra maestra de screamo francés ha sido una de mis mayores influencias musicales y personales. El ciclo de la vida es un concepto hartamente usado en las arenas creativas, la vida es la experiencia inmediata de cualquier persona, sin embargo enmarcar esa experiencia en una expresión artística no es tarea fácil, y aunque los intentos abundan, son contadas las veces en donde el resultado final logra con éxito ser un reflejo tangible y coherente de la complejidad humana.

« Je découvre peu à peu le plaisir de la solitude, le parfum des pensées, le goût de la dépendance »

Mihai Edrisch es una banda proveniente de Lyon, su sonido implacable es característico del screamo europeo que emergió con fuerza a inicios del siglo XXI, este fue su segundo y último disco, lanzado en el 2005, un año después el grupo se desintegró y sus integrantes pasaron a formar parte de proyectos como Celeste y Daïtro. A pesar de su corta vida, la sombra de su influencia todavía se dibuja en proyectos contemporáneos, y las letras que mueven la narrativa hacia adelante siguen siendo, desde mi perspectiva, unas de las más majestuosamente negativas de la música en general.

« Je t'en prie, laisse moi mourir s'il te plait, je t'en supplie, laisse moi mourir en paix »

Un Jour Sans Lendemain es un disco de emociones fuertes, directas y sin compromisos, los intensos sentimientos crecen dramáticamente en tamaño en cortos periodos de tiempo; el tempo es caótico y frenético, la Intro, el Interlude y el Outro dan un respiro a la pasión desbordada de los integrantes, los cuales se encuentren en un nivel increíblemente alto de técnica musical, la batería es precisa, las melodías de guitarras son implacables y el bajo es la goma que une al edificio sonoro. El grado de intensidad al que se puede llegar es a veces sobrecogedor, y aunque el oyente no entienda francés los gritos del cantante hablan un idioma de desesperación y esperanza universalmente entendible.

« Chaque jour qui passait le temps se blessait, chaque jour de plus le temps m’achevait, et j’espérais toujours qu’un jour pour moi le temps s’arrêterait »

Conceptualmente el disco se divide en 12 canciones, de las cuales 10 llevan por título verbos infinitivos. Estos verbos reflejan de manera general el ciclo de vida, desde nacer, amar, sufrir hasta finalmente morir; la atmósfera es oscura y la perspectiva es fatalista. Todo empieza con latidos de corazón, el nacimiento de una persona aquí es un evento violento y traumatizante, y los escasos segundos de la Intro nos preparan para el inicio de lo que será un camino lleno de desilusiones, preguntas sin respuesta, negación y esperanza momentánea.

Sería muy fácil decir que es un disco depresivo, una mirada de cerca a las letras da cuenta de que, a pesar de que el protagonista parecer ir cayendo más y más fondo dentro de la oscuridad de sus emociones, parece haber un mínimo de resistencia, la cual eventualmente termina subyugada bajo el peso aplastante del negro manto lívido

« Je cherche mon bonheur, je ne trouve que ce miroir, je n'y trouve que mon malheur »

La portada muestra un árbol con una cuerda colgando de una rama, en el Outro del disco se escucha una leve y nostálgica melodía de piano, se percibe la lluvia caer, el futuro parece incierto, las gotas pasan a un segundo plano y el piano parece traer algo de paz, el viento sopla, se oye el crujir de madera, como si alguien estuviera caminando sobre una silla, en los últimos segundos se escucha un golpe en seco, como si la silla hubiera caído al suelo súbitamente, y luego, silencio.

Comme une dernière image, celle que je veux peut être garder de nous, je serai là, pour toujours, suspendu à tes lèvres »

5/22/11

EUS - Tras el Horizonte


EUS es uno de los proyectos de José Acuña, hace unos meses escribí algo sobre su disco debut bajo el apelativo de Claro de Luna. Tras el Horizonte es el cuarto disco de EUS y representa un paso adelante en la evolución musical que José ha venido evidenciando desde su primer disco Última Inhalación, aquí vemos reunidos varios de los elementos que a lo largo del último año han establecido a EUS como uno de los proyectos más interesante en el campo latinoamericano de la música ambient y drone. En un país como Costa Rica, la representación de este estilo musical es prácticamente nula, sin embargo esto es escasamente una excepción, en un nivel más general cuando un oyente entusiasta de este tipo de sonidos trata de explicarlos, el resultado se traduce la mayoría de las veces en miradas en blanco – “este si bueno es como una melodía abstracta que SE REPITE durante TODA la canción, con cambios muy sutiles pero que en realidad funcionan para acentuar el carácter hipnótico de la atmosfera que se pretende crear” – “¿Qué?

Por lo mismo, al hacer una reseña sobre un disco de este tipo, las cuestiones musicales palidecen ante la imagen mayor, es decir, la narrativa. Solo existen unas cuantas formas limitadas de describir musicalmente toda la experiencia que conlleva sentarse y escuchar atentamente un disco de drone/ambient, pero esa aparente “limitación” es solo una cuestión menor. Al menos para mí, es exactamente esta estética musical la que más me hipnotiza, puedo cerrar mis ojos y crear mi propia historia y posiblemente mi experiencia sea completamente diferente a la de usted, la riqueza de subjetividades se ve definida a partir del número de personas que escuchen el disco.

Tras el Horizonte denota un objetivo, algo que se quiere alcanzar, un ideal. El horizonte como tal puede ser una metáfora para muchas cosas, la inmensidad, la lejanía, la certidumbre y dependencia hacia un ciclo marcado por el día a día, el horizonte define nuestras rutinas, sale el sol y todo comienza de nuevo.

I

El disco empieza con Albora, unas pulsaciones marcan el ritmo para luego ser dominadas por capas de guitarra que se desarrollan con velocidad, su sonido imita el de una gota de agua que en cuestión de segundos se transforma en una cabeza de agua para terminar en una catarata, la pulsación se va haciendo menos tenue y un silbido de sintetizador se repite bajo el chorro líquido, es un eco que lleva la canción hacia adelante y complementa la atmósfera de repetición creada por la guitarra. Albora funciona como una alusión al amanecer, es el inicio de un ciclo, el horizonte oscuro empieza a ser bañado por los primeros rayos del sol.

II

La oscuridad le da paso a la luz, la cual al tocar el suelo exhibe un camino, todavía quedan remanentes del aire frío que se han acumulado durante la noche lluviosa, el suelo está mojado, el camino apenas distinguible se dibuja como un trayecto incierto, los drones en esta segunda pieza crean una atmósfera de expectativa, me recuerdan al trabajo de Tim Hecker circa 2009 con su sonido conceptual basado en la geografía, cuyo carácter masivo tiene la capacidad de dibujar montañas a partir del ruido. La canción avanza imperceptiblemente, el sol empieza a calentar el cuerpo, finalizando el minuto 6 se escuchan toques fugaces de guitarra los cuales disminuyen el nivel de abstracción de la pieza para llevarla a terreno sólido, para luego asentarse y desaparecer gradualmente.

III

Transparencia es una canción muy al estilo de Stars Of The Lid pero en un nivel menos minimalista, los bellos sonidos acentúan el carácter de grandiosidad de la pieza, no se está apuntando hacia el suelo, el camino ya quedó atrás, ahora las manos apuntan hacia el cielo, hacia el sol, las nubes se han mudado a otro lado. En el minuto 6 se evidencian los perenes toques de guitarra, es la misma técnica utilizada en la canción anterior, creación de atmósfera a partir de drones y sonidos de sintetizador, evocar un sentimiento a partir de abstracciones sonoras para luego aterrizar y llevar la pieza a su conclusión con toques de guitarra que le dan ese carácter terrenal, permitiéndole a las melodías el quedarse ancladas de alguna manera a los audífonos y no divagar por siempre.

IV

Tiempo Muerto es un concepto que yo usaría para esos momentos desperdiciados, o esos momentos que inevitablemente deben ser utilizados en preparación para lograr un objetivo pero que por sí solos no constituyen algo significativo, sin embargo y dichosamente en Tras el Horizonte esta concepción no aplica, en realidad la pieza es la más oscura de todo el disco, los sonidos se construyen como si estuvieran bajo el agua, como si trataran de decir algo importante pero la opresiva distorsión convierte sus mensajes en ecos de claustrofobia. Esta es una de las características que mas me llaman la atención de EUS (y Claro de Luna). Su capacidad de jugar en un mismo disco con atmósfera de gran belleza y celebración junto a composiciones de carácter más oscuro y lograrlo de una forma que no suena forzado, sino como el estado natural de la composición.

V

Erosión, el día avanza, la degradación es un constante de la existencia, a medida que envejecemos nuestra piel empieza a llenarse de huecos, imperceptibles individualmente, pero que tomados en un conjunto se muestran claros. La tierra se erosiona, el paso de nuestra vida deja sus marcas y de la misma manera que la inocencia se va diluyendo, nos hacemos más cínicos, más terrenales, dejamos de apreciar el silencio y le huimos. La estructura de la pieza funciona exactamente de la misma manera que el proceso geográfico de su título, una atmósfera de drones constituye el agente dinámico que transporta y acumula sonidos mientras avanza.

VI

Manos Frías es la pieza más corta del disco, el horizonte está a punto de finalizar un ciclo de luz, los rayos del sol han cambiado de dirección con el paso del tiempo y una vez llegadas las últimas horas del día, el frío empieza a entrar en la atmósfera, el camino recorrido ha sido uno de contrastes, momentos de felicidad junto a momentos de monotonía, hemos envejecido y las manos que antes se alzaban para saludar al sol ahora están frías, las metemos en los bolsillos pero en realidad esa es solo una excusa para seguir caminando. La canción es el perfecto preámbulo para el plato fuerte del disco, una melodía de piano en los últimos segundos expone un paisaje de nostalgia.

VII

Disolvernos en el Espacio es un título ambicioso, es la canción más larga, duplica en duración a cualquiera de las otras piezas. Un sonido austero y agrietado marca la pauta de los casi 14 minutos, no estoy seguro pero una de las bases sonoras suena casi como un órgano de Iglesia en el fondo, aparecen murmullos ininteligibles (los cuales me recuerdan a Duisternis donde la respiración y los suspiros daban un carácter orgánico a las canciones, casi como si la presencia de una acción meramente humana cambiara totalmente la estética del sonido). A partir del minuto 8 la atmósfera da un giro hacia paisajes más simples y tranquilos, en el minuto 10 la guitarra hace su aparición de manera más clara siempre manteniendo esa atmósfera agrietada, las voces reaparecen y esta vez se logra distinguir una frase “en el espacio” e inmediatamente después un clímax inesperado empieza a construirse, la atmósfera se libera, explota y los únicos golpes que remiten a algo remotamente parecido a una batería hacen su aparición para acentuar el crescendo, el disco termina, el sol se pone, el horizonte cae y yo me disuelvo.

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Escúchelo y descárguelo GRATUITAMENTE en Bandcamp: http://euscr.bandcamp.com/

4/20/11

Grouper - A I A: Alien Observer / Dream Loss


Toska” es una de esas palabras que es imposible traducir al español, de origen ruso, su significado es difícil de describir concretamente, se le podría caracterizar como ese sentimiento de angustia y aflicción espiritual sin una causa particular, el gran autor Vladimir Nabokov la ha descrito como un agudo dolor del alma, como un anhelo sin nada que anhelar. Aunque gramáticamente solo sea posible encuadrar todos esos sentimientos en una palabra rusa, la experiencia es universal y una bastante familiar para el que escribe. Muchas veces ese anhelo espontáneo que sale de la nada, sin una razón aparente es disparado por una canción, o una melodía que de alguna manera logra tocar fibras interiores.

Liz Harris, conocida musicalmente como Grouper, es una artista proveniente de Portland quien desde el 2005 ha venido creando un estilo musical sumamente propio, una mezcla de delicadas melodías acústicas, teclados orgánicos, drones hipnóticos y una voz suave e inquietante, todo esto bajo múltiples capas de reverberación. En el 2008 parecía que Harris había alcanzado el pináculo de su expresión musical con el increíble “Dragging a Dead Deer Up a Hill”, personalmente uno de mis discos favoritos y un estandarte del género (cualquiera que este sea). Sin embargo este relativo éxito no fue suficiente, las expectativas estaban por los cielos.

Tuvieron que pasar 3 años desde su último disco para que Harris lanzara este nuevo material; A I A está divido en dos discos, “Alien Observer” y “Dream Loss” y si tuviera que describirlos con una sola palabra…pues nada mas lea el primer párrafo de esta reseña. A I A es un mamut de 80 minutos que viene a reafirmar porqué Harris es la mejor en lo que hace, es preferible escuchar ambos discos de manera continua ya que tienen elementos narrativos en común, sin embargo cada uno tiene su propia personalidad y se sostienen por sí mismos. Aunque no es posible discernir la mayoría de las letras, el concepto de A I A parece girar en torno a la enajenación, al sentimiento de no sentirse cómodo con la situación actual ni con uno mismo, de anhelar sin saber a qué se debe ese anhelo, de vivir en un constante estado de melancolía.

Alien Observer” es más melódico, su sonido se asemeja al de estar en una calle en pleno invierno, con la neblina asentándose sobre las esquinas mientras que en el viento se oye el casi imperceptible murmullo de una voz fantasmal, y es que la voz de Harris tiene una cualidad incorpórea, más que dominar la instrumentación, funciona como un complemento suspendido en el aire. Todas las canciones de este disco son excelentes, en especial la que le da su título, la cual, sin riesgo de ir muy largo, es representación sónica de un cuento de ciencia ficción de Bradbury.

Dream Loss” comienza con el sonido de una ventisca, o tal vez es el sonido de olas chocando contra las piedras, este decae para darle paso a las canciones. El disco se siente más abstracto que “Alien Observer”, las melodías están enterradas bajo el bello sonido de drones y feedback. Abordar este disco, y por antonomasia cualquier disco de Grouper, es en cierto sentido similar al trabajo que hace un arqueólogo, en ambos casos hay que excavar, estar atento a cada puño de material con el que se entra en contacto y si todo sale bien, debajo de la preciosa tierra se encuentra ese tesoro anhelado, esa elusiva melodía. Esta doble producción es un fuerte contendiente para ser uno de los mejores discos del año.

Después de sus 80 minutos de duración me doy cuenta que me gusta la melancolía y no sé porqué, siento como si algo hiciera falta, veo al cielo a través de la ventana y una serie de luces irregulares parece acercarse cada vez más, estoy listo para ir a casa.

El video que se hizo para “Alien Observer” tiene colores que contrastan con el carácter monocromático y grisáceo de la música, no es la imagen visual que me hubiera imaginado pero de todos modos está bien hecho.

4/18/11

Nico Muhly - Mothertongue


La figura de Nico Muhly me atrae fuertemente, una silueta alta cubierta por capas de tela negra caminando imperceptiblemente por las calles de Chinatown, Nueva York, con un par de grandes ojos azules llenos de curiosidad que si se cruzaran en mi camino dejarían la impresión de haber existido desde siempre en múltiples sueños empolvados dentro las gavetas de la memoria. Muhly es una de esas personas que me hacen tomar conciencia de mis limitaciones, me obliga a preguntarme como alguien puede ser tan prolífico a tan corta edad y en última instancia me hace sentir demasiado consiente de los modestos logros que la mayoría de las personas logra atesorar en sus tempranos veinte (hola momento existencial)

A sus 29 años Muhly ha lanzado tres discos en la disquera más aclamada de Islandia (Bedroom Community), ha escrito obras enteras para películas independientes, ha elaborado operas y trabajos orquestales para el Boston Pops, The Carnegie Hall, The American Symphony Orchestra, The Chicago Symphony y The Julliard School. En su segundo año como universitario en la Universidad de Columbia fue elegido por Philip Glass para trabajar a su lado, ha colaborado con artistas como Björk. En otras palabras, el talento de Muhly es inquieto, está en constante movimiento y su dinamismo no se enmarca en formas de expresión rígidas como muchas veces pasa en el mundo de los compositores clásicos contemporáneos, su silueta se contornea y adquiere diversos perfiles.

Muhly figura como un puente entre el mundo de la música clásica y la música popular, ya sea pop, rock o folk. En todas sus producciones se evidencia la clara influencia de la música litúrgica inglesa y del minimalismo clásico de Steve Reich y Philip Glass. En Mothertongue esas influencias conforman la sólida y lustrosa base sobre la cual diversas grietas dan cabida a sintetizadores, uso de field recordings e incluso melodías de banjo.


Mothertongue se divide en tres movimientos, el primero de estos lleva el mismo nombre del disco y nos da la bienvenida con una saturación de voces entrelazadas cortesía de la mezzo-soprano Abigail Fisher quien a lo largo de las cuatros canciones que conforman esta primera parte, recita incansablemente números de teléfono, direcciones, nombres de calles y toda una serie de palabras ininteligibles. Esta polifonía se complementa con el uso de bellos sonidos electrónicos, entre ellos el sonido de una ducha, el sonido de comer una tostada y el de freír un huevo. Obvio, toda esta serie de hilos narrativos se ven unidos por la magistral composición instrumental de Muhly.

El segundo movimiento, "Wonders", se inspira en fragmentos de un texto del siglo XVII en pleno renacimiento. Las vocales en este caso son suministradas por el cantante islandés Helgi Hrafn Jónsson quien con un tono vivo narra un soneto escrito por el rey Jacobo I acerca de monstruos oceánicos. Es claro el contraste entre este movimiento de corte más clásico con la experimentación y polifonía inquieta del movimiento antecesor. La segunda canción de esta sección es sumamente visual, al menos para mí, me hace sentir como si estuviera en la corte de algún rey europeo, contando mis peripecias con el objetivo de obtener su favor.

El tercer y último movimiento del disco es mi favorito, “The Only Tune” cuenta con la colaboración de Sam Amidon, quien además de ser un increíble artista de folk estadounidense también es compañero de disquera con Muhly. El movimiento consiste en tres canciones que giran alrededor de la misma narrativa, la historia de dos hermanas que caminan por un rio cuando la mayor de ellas empuja a la otra al agua, esta muere y su cuerpo es eventualmente utilizado para fabricar un violín. Las tres canciones se revelan como una cebolla, cada una de ellas dejando caer capas hasta terminar únicamente con la melodía del banjo. Es interesante ya que si uno no le prestara atención a las letras, la música sugeriría una tranquila y apacible historia de campo, pero las letras le dan una nueva dimensión a las melodías, una atmósfera casi mórbida y amenazante, bajo el banjo y las voces es posible oír el sonido de cuchillos de carnicero siendo raspados uno contra el otro.

Según el mismo Muhly, este disco está lleno de repeticiones nerviosas y ansiosas, de acordes discordantes que pretenden simular la atmósfera nauseabunda de las inquietudes mundanas. En mi opinión el disco va más allá, su aparente ambigüedad, los conceptos detrás de cada movimiento, la magistral composición instrumental, la experimentación controlada son evidencia de que Nico Muhly representa el arquetipo del nuevo compositor, alguien sumamente idiosincrático, original capaz de romper los moldes de la música clásica y usar los restos de ese molde para construir un puente hacia formas de expresión musical más mundanas.