1/12/13

Pantha du Prince & The Bell Laboratory - Elements of Light



Hendrik Weber entra al escenario, usa una limpia camisa blanca, clínica, un delantal que más bien parece una gabardina, el escenario de momento se transforma en un laboratorio, en un emplazamiento de ciencia y experimentación. Junto a él se encuentran otros individuos vestidos de la misma manera, se ubican en diferentes zonas y se disponen a preparar sus herramientas, sus implementos quirúrgicos del sonido. De pronto el lugar se ilumina, rayos de luz se contornean entre las grietas. En un ambiente tan controlado la luz adquiere significados más profundos, y la constitución de sus partes se vuelve más importante que el todo; la longitud de onda, la partícula, el fotón…nada escapa a las manos incisivas de Weber y sus ayudantes.

Elements of Light es la nueva producción de Weber, también conocido como Pantha du Prince; en esta ocasión se hace acompañar de un conjunto de músicos denominado bajo el apelativo de The Bell Laboratory. Hace un tiempo hice una reseña sobre la última producción de Pantha du Prince, Black Noise. En esa ocasión hice énfasis en la maravillosa habilidad de Weber para mezclar el mundo orgánico con el mundo electrónico. Lo que no mencioné esa vez fue el uso extendido que Weber hacía de las campanas en varias de las canciones, el asomo tímido de estos instrumentos a lo largo de Black Noise fue uno de los aspectos que catapultó a Weber a convertirse en uno de los productores de techno minimalista más identificable e influyente de los últimos años. 



En esta nueva producción las campanas son el punto focal de las composiciones ¿Campanas? ¿Quién se lo hubiera esperado? Según parece, nadie, sin embargo el resultado es una agradable sorpresa  que invita a ser explorada con más profundidad.

Las campanas son un instrumento que usualmente no tiene protagonismo dentro de la música electrónica, no obstante por sí solas presentan un concepto interesante. Además del amplio rango de tonalidades que pueden obtenerse de sus golpeteos, también cuentan con una narrativa que ensancha su atractivo, es común que se encuentren en lugares que denotan autoridad u orgullo cívico, iglesias, edificios municipales, en la cumbre de las torres; su sonido invita a la congregación, puede ser señal de alerta y, en el más mundano  de los casos, proporciona el ritmo que marca el paso del tiempo en las ciudades y pueblos.

En Elements of Light, Weber y compañía hacen uso del carillón, un instrumento compuesto de 50 campanas de bronce cuyo peso es de 3 toneladas, convirtiéndolo en el más pesado del mundo, con su origen en la Europa del siglo XV, este mamut sónico es operado por cables y pedales conectados a palancas y conforma la piedra angular alrededor de la cual se desarrolla todo el disco. Junto al carillón se pueden escuchar xilófonos, marimbas, percusiones y los idiosincráticos rebotes electrónicos de Weber.



El disco empieza con Wave, tanto la primera como última canción son construidas exclusivamente a partir de la melodía de campanas, esta pieza introductoria empieza a dibujar el perfil de las dulces melodías que eventualmente van a interactuar a lo largo de toda la producción. El eco de cada golpeteo resuena en los oídos y su intensidad empieza a decaer para darle paso a un sutil murmullo.

Particle inicia con un rebote de beats que se mezclan imperceptiblemente con la percusión de las campanas. Esta pieza junto con Spectral Split conforman el corazón del disco, ambas canciones superan los 10 minutos de duración y a lo largo de su desarrollo ponen en evidencia la gran habilidad y la destreza técnica de los músicos. En ocasiones la delicadeza de las melodías pareciera sumamente frágil, pero el pulso hipnótico de de la marimba, la percusión y los sintetizadores mantiene todo amarrado; el resultado es un sonido resonante, absorbente y cohesivo.

Una de las cosas que más admiro de Weber es su capacidad de tomar un concepto que anteriormente ya había esbozado y reconstruirlo, dándole un nuevo aire, ampliándolo a niveles inimaginables. Este es un proyecto muy ambicioso, cuyo producto final termina de cimentar la reputación de Pantha du Prince no solo como un importante productor de música electrónica de corte experimental, sino como un verdadero científico del sonido, un explorador de los horizontes sónicos. Las campanas son sin lugar a dudas un instrumento muy versátil y Weber exprime su potencial de una manera muy original; es irónico que a pesar de que el carillón es el instrumento más pesado del mundo, los sonidos que produce sean tan etéreos, resplandecientes y suaves.

10/16/12

Niño Koi - La Pequeña Muerte





Tensión, acumulación, construcción, clímax, descanso. Cuando se habla de rock instrumental todas esas palabras se vuelven bastante útiles para caracterizar la dinámica musical de este género tan grande, ambiguo y contradictorio ¿Pero qué pasa si agregamos términos como lujuria, liberación espiritual, trascendencia, u orgasmo? Incluyo esto en la discusión debido a que para poder describir el nuevo disco de Niño Koi es necesario que le prestemos atención al nombre que lleva. La Pequeña Muerte es un título muy sugestivo, para los francoparlantes será evidente que se trata de una frase idiomática (La Petite Mort), la cual en términos generales funciona como una metáfora que engloba la sensación de experimentar el arte, la melancolía y la vida de manera intensa. Antes de escuchar las canciones de primera entrada ya la banda nos promete emociones fuertes.

La Pequeña Muerte llegó en un momento extraño, la transición entre la época lluviosa y la época seca no se vuelve tacaña con los contrastes, mientras que los días son apacibles, soleados y predecibles, en las tardes el gris se acomoda trayéndonos tormentas, rayos, granizo y ropa mojada. Tal vez sea mera coincidencia pero esta mención climatológica no es gratuita, y es que el disco de Niño Koi se caracteriza por sus contrastes: La Pequeña Muerte se mueve entre la luz y la oscuridad, entre la tranquilidad y la violencia, entre la contemplación y la rapidez, entre la melodía y la textura.  

El disco inicia con El Último Rey de Talamanca, un instrumento de viento establece la atmósfera de antigüedad, con un llamado monolítico empezamos por las raíces y la batería nos trae a golpes a la modernidad. En esta primera canción queda claro que Niño Koi sabe cómo jugar con el volumen y los silencios, el espacio en blanco entre sonidos es como un respiro intermitente el cual nos permite restaurar energía y seguir con el maratón.

Cánticos chamánicos funcionan como un puente para introducir Unio Naturalis, aquí se evidencia la yuxtaposición de suaves y deliciosas melodías con riffs fuertes y vigorosos; esa una de las particularidades de mayor presencia en todo el disco y uno de los ejemplos más determinantes del juego de contrastes mencionado anteriormente. El uso de samples se introduce en esta pieza y sorpresivamente no suenan fuera de lugar. Poco importa que se haya empezado con voces místicas y segundos después se escuchen monólogos digitales, árboles y pavimento, espíritu y contemplación terrenal, todo se une para formar un ente coherente y masivo. ¿Adónde Está la Noche? completa la primera tríada de canciones, en mi opinión esta primera parte del disco es la mañana soleada, a pesar del ajetreo nos movemos con cierta certeza acompañados de la luz. A medida que termina la canción se escuchan gritos esporádicos, tal vez se intuye lo que está por venir. I es un interludio bienvenido, la melodía de guitarra es sumamente nostálgica y no miento al decir que es uno de mis momentos favoritos de todo el disco.

Giulietta Guicciardi, una voz incorpórea nos habla en francés, al ser la pieza más larga de todo el disco también es una de las mejor estructuradas, en los primeros minutos hay ciertos silencios que crean tensión, como si se acercara una tormenta, pero resulta ser una falsa alarma, la bella melodía de guitarra se va desarrollando, el ritmo sonoro crece, el crescendo llega a un abrupto fin a la mitad de la canción, Giulietta nos hipnotiza con su diálogo de amor y el tempo empieza a acelerarse de nuevo para llegar a un clímax digno de una pequeña muerte, sin duda uno de los puntos altos de todo el disco, al final se oyen campanas, un ritual, un llamado a congregarse, o tal vez una advertencia para alejarnos. 

Mátalos a Todos hace su aparición y ya es demasiado tarde para escapar, esta canción es frenética, es violenta, es implacablemente agresiva y al mismo tiempo sumamente estimulante. Para este punto ya las nubes se han asentado sobre nuestras cabezas, a la mitad de la canción sentimos las primeras gotas rebotando, se avecinan truenos, pero el sonido nos paraliza y nos estalla en la cara. Esta segunda parte del disco es oscura, es amenazante, 3:00 AM da inicio con una oración, otro elemento que remite a rituales, primero los cantos chamánicos y luego las campanas. En mi mente Niño Koi nos está proponiendo estructura, un tempo controlado de nuestra rutina mientras escuchamos el disco para dejar lo que estamos haciendo y realmente concentrarnos, sin duda una escuchada superficial dejaría de lado estos elementos cohesionadores.

El segundo interludio es el hermano siamés del primero, son como las dos caras de una misma moneda, pero mientras que el primero se desvanecía y terminaba en silencio, el segundo se ahoga en una estática abrasadora.

Los dos últimos temas cierran con sello de  parafina el viaje por el que nos han llevado los miembros de la banda, El Sueño de la Razón es una de mis canciones favoritas de todo el disco, el título probablemente remite a la  obra clásico de Goya y para efectos de sinergia artística podemos utilizar dicha pintura para interpretar la canción (pero no es mi objetivo hacerlo yo por usted, le queda de tarea). Pequeña Paris, llegamos a nuestra casa, nuestra ropa está empapada y casi morimos en la rayería. Nuestra pequeña Paris para nuestra pequeña muerte.



Niño Koi en vivo demuestran una sinergia, un entendimiento mutuo que une la instrumentación de una manera tan fuerte que, incluso en los momentos más frenéticos, ninguno de los miembros se pierde o se dispersa en el mar de sonidos. No he visto a la banda en vivo tantas veces como quisiera, pero en la noche de presentación del disco algo especial sucedió, se sentía en la atmósfera, sin duda estábamos presenciando una bestia completamente diferente, con dientes afilados, garras ensangrentadas, máscaras anónimas y sacos fúnebres. El ritual en su máxima expresión.

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La Pequeña Muerte se puede escuchar y descargar gratuítamente aqui http://ninokoi.bandcamp.com/

5/24/12

Greg Haines - Digressions


Han pasado un par de horas, la conversación galopa de un extremo al otro, los temas parecen fluir sutilmente y pareciera que todo está por decirse, una idea conlleva a otra y cuando menos nos damos cuenta, estamos hablando de algo totalmente distinto a lo que dio origen a nuestras palabras. Salirse de la tangente, desviarse, intercalarse imperceptiblemente entre motivos, opiniones y puntos de vista. Las digresiones nos permiten salir del hilo del discurso y proponer algo diferente. 

En el nicho de la música clásica contemporánea, el dictar un cambio de tema intencionalmente ha sido una constante durante los últimos años, cada vez y con más dinamismo, jóvenes compositores absorben las reglas, preceptos y pautas de composición tradicional para después modificarlas, imprimirles un sello distintivo y acercarlas a movimientos musicales de carácter más contemporáneo. Desde la mezcla con la electrónica, el post rock y la música ambiental, es posible detectar los patrones que se están conformando dentro de esta corriente.  

Greg Haines se inserta dentro de esta dinámica de manera sorpresiva con su nuevo disco. Este compositor de origen inglés y actualmente radicado en Berlín se ha encarrilado decididamente en la vía de (re)composición electrónica, la fuente de su sonido como veremos más adelante es bastante peculiar, pero el factor más notable y el que hace que este sea un disco verdaderamente brillante radica en el trabajo post-grabación, es decir, en el procesamiento, mezcla, masterización y conceptualización del sonido. 

Digressions nace como un trabajo comisionado por The Theale Green Community School Chamber Orchestra, el objetivo era que Haines hablara y trabajara con los estudiantes; durante un periodo de tres meses se fue conformando lo que sería la base sonora del disco, lo cual deja una interrogante en particular, estos eran estudiantes, evidentemente no profesionales, por lo que muchas de las secciones no terminaron realmente a tono, sin embargo el mismo Haines confirmó que trabajar con estas secciones “imperfectas” constituyó un desafío y terminó siendo uno de los elementos más divertidos del proceso de grabación

Musicalmente Digressions se estructura bajo los conceptos de tensión y liberación, me parece que la palabra adecuada aquí es restricción, el sentido de moderación que muestra Haines es inigualable. El sonido es elusivo y distante, y al mismo tiempo distintivo y sólido. En ocasiones me encontré conteniendo la respiración esperando que la composición llegara a su clímax, y a pesar de la majestuosidad en la que se maneja el disco, nunca llega a ser dramático ni sobre saturado, los arreglos son tan sutiles que pareciera que llegan a un punto de tensión por pura casualidad, de la misma manera en que las digresiones se manifiestan imperceptiblemente, el tono pasa de contemplativo a reluciente de forma natural; y eso no es para nada fácil. 

La manera en que el compositor logra procesar el factor electrónico como un instrumento más dentro de la unidad, en lugar de crear una clara distinción entre los instrumentos de la orquesta y el sonido de computadora es laudable. Artistas como Jacaszek son maestros en el ámbito electroacústico, pero siempre crean esa línea clara entre lo orgánico y lo sintético, Haines al contrario logra mimetizar ambos elementos, haciendo que todo se escuche distintivo pero al mismo tiempo relacionado como parte de un todo. 

El disco está lleno de momentos brillantes, "Ernetti" da inicio al trayecto introduciendo un ambiente lúgubre y espacioso, un sonido de órgano se escucha enterrado bajo las capas de electrónica procesada (me recuerda en parte a Tim Hecker en su último disco). No obstante esta introducción no da ninguna pista de lo que se aproxima, es con “Caden Cotard” que el fantasma muestra su cara, se pone en evidencia el rol que tiene el piano como componente cohesivo en todo el disco, y también se observa como diferentes elementos se sumergen a sí mismos para luego reaparecer en partes críticas del disco sin que su ausencia fuera evidente; el crescendo en esta segunda pieza es colosal y un ejemplo claro de lo que mencionaba antes sobre la sutileza con que se maneja la composición. En “183 Times” vemos al violín tomando el rol principal, su tono melancólico es obra de Iden Reinhart, uno de los tantos invitados en el disco. “Azure” y “Nueblo Pueblo“ son las canciones más largas del disco y funcionan como conclusión, la primera con una base rítmica a base de piano bastante dinámica, y la segunda como el escenario donde el polvo se asienta, la tormenta se aleja en el horizonte y la calma se vuelve reinante. 

El arte del disco es un ejemplo de diseño gráfico por excelencia, es evocativa y muestra una interpretación bastante interesante de la música, el carácter fantasmal, los objetos difuminados y superpuestos unos sobre los otros como capas de una entidad incorpórea, el tono azulado del círculo remite a la canción “Azure” mientras que la caja da un sentido de peso y solidez y la piedra brinda el aspecto orgánico al mismo tiempo que los objetos de vidrio remiten a la idea de pureza y transparencia. Pocas portadas han atrapado mi atención de una manera tan directa como esta, sería bueno que más artistas se preocuparan por incluir el arte del disco como parte esencial de la composición, permitiendo que el concepto se traslape entre los diversos niveles que constituye un disco. (Más información del fotógrafo aquí

Para concluir y evitar caer en más digresiones, Haines ha creado uno de los mejores discos de música clásica contemporánea/ambiental/minimalista, + cualquier etiqueta adicional que se le quiera agregar, del 2012. No es sorpresa que algunos del nombres detrás de la producción de este disco sean también grandes exponentes de este nicho como Dustin O'Halloran, Peter Broderick y Nils Frahm. En estos tiempos de acceso casi ilimitado a la mayoría de música que se lanza comercialmente, el reproducir un disco repetidas veces se vuelve algo anómalo, pero cuando suceda es porque realmente lo merece, en el caso de Digressions ese “replay value” es sumamente gratificante. 

4/24/12

Puzzle Muteson - En Garde

En uno de los primeros capítulos de la clásica novela de Kazuo Ishiguro, The Remains of the Day, el protagonista hace una detallada descripción del paisaje rural inglés. En su monólogo interno, el personaje se cuestiona acerca del origen de la belleza panorámica y explica cómo, desde su punto de vista, el paisaje de Inglaterra es superior al de cualquier otro lugar. Su explicación se basa alrededor de la idea de que en la campiña inglesa hay una carencia de espectáculo y drama obvio, su incomparable atractivo yace en su quietud, en su sentido de restricción, es casi como si la tierra misma estuviera consciente de su propia belleza, por lo que no siente necesidad de hacerla dolorosamente evidente. 

Pasando de asuntos geográficos a cuestiones más musicales, este razonamiento puede darnos una pista acerca de la propia naturaleza de algunos discos. Muchas veces la ambición por abarcar cuantiosas tonalidades, ritmos, melodías e ideas tiene como consecuencia un sobresaturado mosaico sónico, el cual puede ser redimible para muchos; sin embargo para mí, la mayoría del tiempo, son difíciles de digerir y en su propia evidencia, llega a cansar. Con esto no quiero decir que géneros tan ambiguamente llamados “avant-garde” sean inferiores, sino que desde mi punto de vista y gusto particular, me gustan las cosas menos obvias. (Y esto lo dice alguien cuyo disco favorito mezcla como mínimo 5 géneros distintos) 

¿Qué tiene que ver todo esto con Puzzle Muteson? Pues todo, de origen londinense y actualmente asentado en la Isla de Wight al sur de la Gran Bretaña, este cantautor parece que ha tomado las características del paisaje inglés presentes en el aire, en la tierra y en el agua, y las ha destilado en una sustancia mágica para afinar su voz y su guitarra. Empecemos por la voz, trémula, enigmática, distante, acogedora, sus cuerdas vocales tiemblan a través de un falsete que fue diseñado específicamente para acompañar los melancólicos toques de guitarra que recorren las 10 canciones del disco, es una voz que está a punto de quebrarse, frágil como la hoja de un árbol en los primeros días de un otoño inglés, empero no pasa desapercibida, su etérea presencia es esencial, inocua en ocasiones, fuerte y dinámica en otras; no hay duda de que la capacidad vocal de Terry Magson (nom de plume Puzzle Muteson) fue uno de los factores decisivos para su entrada en la prestigiosa disquera islandesa Bedroom Community


La música, fútil sería tratar de catalogar, pero sin duda navega en la intersección entre el folk, la electrónica y la orquestación. La base son las melodías acústicas de la guitarra, y a su alrededor se entrelaza toda una dinámica de piano, sintetizadores, percusiones, violines, violas, arpas, trombones, cellos y fagots. No obstante, nunca se siente saturado, todo lo demás es solamente un telón elegantemente estructurado para la tenue voz de Magson (¡Y qué telón! con Nico Muhly, Valgeir Sigurðsson y Nadia Sirota como sólo algunos de los actores de reparto). 

Entre las canciones más destacables está “I Once Was a Horse” la cual pone el tono con el que se desarrollará todo el disco, sonidos de la naturaleza se filtran a través de las grietas en la madera de la guitarra, los arreglos orquestales y los sintetizadores dan el peso necesario para llevar la pieza a un plano sublime. “Water Rising” con los cellos abriendo la puerta de bienvenida es sencillamente perfecta, los golpes de piano marcan el ritmo mientras una percusión que asemeja el sonido de pasos firmes sobre roca crea una imaginería de estar caminando a lo largo de los acantilados ingleses, observando como el agua sube, oxida y vuelve a bajar, el mismo patrón, todos los días.

El sencillo que le da título al disco cuenta con una inclusión magistral de cuerdas y un cuasi clímax en la mitad de la canción (el video es una obra de arte por su propio peso, pero vale la pena notar que el matiz grisáceo que lo acompaña es una indudable representación gráfica de los tonos musicales en lo que se desenvuelve el disco). Medusa introduce una guitarra eléctrica lo-fi y la inclusión de una segunda voz masculina, furtiva, que complementa estupendamente el timbre vibrante de Magson. Finalmente pienso que es importante mencionar "Perspex Disguise" porque es prácticamente la ceremonia del maridaje perfecto entre guitarra acústica y piano.  

En Garde es un disco bastante accesible, pero al parecer ha pasado desapercibido por el mundo del indie/folk. Tal vez sea debido a su carácter reflexivo, la esencia de Puzzle Muteson no se revela de manera obvia en una primera escuchada, el laberinto (pun intended) tenue de melodías se va construyendo a medida que las capas de sonido se descubren como parte de un todo. En Garde es contemplación, es sobre estallar sin drama. 


10/23/11

Nils Frahm - Felt


Cuenta la leyenda que en los albores de la Segunda Guerra Mundial, el gran artista alemán Joseph Beuys tuvo un accidente aéreo en Crimea y fue rescatado por tribus nómadas tártaras; quienes al simpatizar con el herido, usaron grasa y fieltro para cubrir el cuerpo del artista y protegerlo del frío invernal. Mitad realidad, mitad sueño, e independientemente de la veracidad de la historia, lo cierto es que ese episodio tuvo gran influencia en el trabajo de Beuys. 30 años después vería la luz el Traje de Fieltro (1970). Esta obra de arte conceptual pretendía dar la idea de defensa frente a las amenazas externas “una armadura contemporánea hecha de tejidos humildes”.

El fieltro no es solo uno de los materiales más viejos usados por el ser humano, es también una idea, y cuando esa idea es aplicada en ámbitos creativos como la música el resultado puede ser inesperado. En el caso de Beuys, la naturaleza del material le permitió reproducir su obra de arte repetidas veces, en el caso de Nils Frahm, las múltiples capas que componen el aspecto tangible de la tela terminaron siendo una metáfora accidental de las composiciones en este, su nuevo disco.

Nils Frahm es un pianista y compositor contemporáneo que me hipnotizó en el 2009 con su disco “The Bells”. En aquel tiempo me hice adicto al aspecto minimalista y delicado de las canciones de Frahm, no eran virtuosas, muchas de ellas consistían en el golpeteo constante de una tecla con mínimas variaciones en la melodía, en otras los dedos se concentraban en las teclas graves, sobreponiéndose y creando atmosferas lúgubres pero que de alguna manera no sonarían fuera de lugar en una Iglesia. Sin lugar a dudas Frahm creó su propio nicho dentro del cada vez más excitante género de música clásica contemporánea. Desde entonces ha sacado dos excelentes discos en colaboración (Anne Müller & F.S.Blumm) que mostraron aspectos novedosos en la capacidad de composición e innovación del pianista; sin embargo para mí ya era necesario escuchar una nueva producción en solitario, sentía curiosidad ver qué nuevo desarrollo en la estética musical, que narrativa iba a presentar Frahm, y yo no era el único.


Felt es un disco diferente a The Bells en muchos sentidos, mientras que en el segundo predominaban las melodías delicadas, abundaban momentos de grandiosidad melódica, era solo cuestión de subir el volumen y usar un buen par de audífonos para sumergirse de lleno en el paisaje musical de Frahm. En Felt la atmósfera solo se puede describir de una manera: íntima. Su naturaleza es rústica, áspera en los bordes, no pretende ser perfecta y más bien abraza los sonidos ajenos, como el crujir del piso de madera en el apartamento del pianista, los carraspeos en la garganta, los suspiros sigilosos, los murmullos de personas hablando en el pasillo, los crujidos involuntarios del piano.

El título del disco tiene un origen utilitario; Frahm tiene una tendencia a tocar en la noche, pero con el fin de no molestar a sus vecinos (¿qué clase de vecino podría quejarse de tener a semejante músico viviendo al lado?) decidió forrar los tambores de su piano con fieltro; el resultado fue que cada vez que el tambor de la tecla golpeaba el sonido era sordo, sometido, plano e increíblemente seductor. Unos cuantos micrófonos colocados dentro del instrumento fueron la adición perfecta para lograr captar las melodías desde una nueva perspectiva. El disco se siente como si estuviéramos en el cuarto con Frahm, sentados en el piso, tratando de no hacer ruido para evitar despertar a los vecinos mientras tomamos vino y conversamos con el piano, este nos habla con tonos suaves y nosotros con silencio.

No voy a hablar de canciones individuales porque honestamente no tendría sentido, al igual que las múltiples capas del fieltro, este disco es una entidad que necesitar ser experimentada en su integridad para realmente ser apreciado. Además de las melodías del piano también hay sintetizadores (More), drones que simulan el sonido de la lluvia (Less), silbidos de un instrumento de viento que no logro descifrar (Unter & Old Thought) y todo un agregado de sonidos mundanos que ya mencioné antes.

Felt es un disco suave, íntimo, personal, con una narrativa que calza perfectamente con días donde las tardes se van rápidamente y las noches se prologan indefinidamente, es un disco de muebles polvorientos, de bodegas, sótanos y áticos iluminados por la sinuosa llama de una candela; y de la misma manera que el fieltro le salvó la vida a Joseph Beuys al proporcionarle calor y seguridad en sus sueños de guerra, yo me pongo mis audífonos y dejo que Frahm me introduzca en el interior de su piano donde puedo escucharlo todo sin tener que decir nada.

9/14/11

A Winged Victory for the Sullen - A Winged Victory for the Sullen


A Winged Victory for the Sullen, ¿qué clase de título es ese? No planteo la pregunta de manera despectiva, ya muchos pixeles se han dedicado a explicar la hilaridad que induce la preponderancia en el mundo de la música instrumental de títulos largos, pretenciosos y llenos de palabras complicadas. Desde mi acantilado esta cuasi-tradición nunca me ha molestado, y al contrario, me parece casi que un elemento idiosincrático y hasta cierto punto, simpático. Al final de cuentas lo que importa es la música y es por eso que estamos aquí, al borde del precipicio, observando al océano, escuchando como las olas chocan en las piedras.

No sé, tal vez sea un estereotipo, pero cada vez que pienso en acantilados me sumerjo en un paisaje gris y sombrío, un poco de neblina asentándose, las luces lejanas de un faro marcando el pulso del tiempo, una brisa invernal y ya tenemos todos los factores para un disco de ambient perfecto. Pero A Winged Victory for the Sullen va más allá de la mera contemplación, los dos miembros de este proyecto no están tirando sus melodías al fondo del despeñadero (que cuando se hace de manera elegante, no tiene nada de reprochable) sino que las están elevando hacia el cielo, les están dando alas y están buscando ganarle la partida a la melancolía, el albatros de la victoria asciende hacia las nubes, y con él, los recuerdos se vuelven menos pesados.

Cuando escuché la noticia de que Adam Wiltzie (mitad del que es probablemente el proyecto de música ambient más emblemático de la última década, Stars of the Lid) y Dustin OʼHalloran (uno de mis pianistas favoritos y parte esencial de la movida clásica contemporánea) estaban trabajando juntos en un proyecto, no pude evitar emocionarme de sobremanera. Lanzado por Kranky en Estados Unidos y Erased Tapes de manera internacional, con invitados del calibre de Hildur Gudnadottir en el cello y Peter Broderick en el violín, AWVFTS construyó expectativas estratosféricas. Resultado: expectativas satisfechas.


Ahora intentemos describir la música antes de que las victorias aladas se disipen en el horizonte; el contexto: el atardecer. Menciono que la estética sonora es exactamente lo que me esperaba, las melodías delicadas, pacientes y polvorientas de OʼHalloran son el cuerpo y la raíz, mientras que los drones incorpóreos de Wiltzie son el alma y la sangre, uno terrenal y el otro espiritual, ambos simbióticos, ambos colisionando en los espacios de silencio articulado.

La primera canción “We Played Some Open Chords and Rejoiced, For the Earth Had Circled the Sun Yet Another Year” firma con una escritura fantasmal el sonido característico de todo el disco, el piano toma la delantera y el eco de las teclas resuena, reverbera con el lienzo abstracto que pinta Wiltzie en el fondo, el ritmo es pausado y ligero; a pesar de las amenazantes piedras en el despeñadero, parece que flotamos, nuestros movimientos se vuelven dóciles, la ocasional intervención del cello y el violín es más que bienvenida como discretos rayos de sol que logran escapar del velo nuboso. “Requiem for the Static King” está dividido en dos partes, la primera funciona como un preámbulo fúnebre a través del hermoso trabajo de cuerdas, para darle paso a la segunda parte, una de las piezas centrales del disco. El rey estático en cuestión es Mark Linkou, también conocido por su pseudónimo musical Sparklehorse, quien murió hace poco y tenía una estrecha relación con ambos miembros. Su memoria es elevada y su recuerdo queda impregnado en el lienzo.

Nuestro punto de vista ahora le da la espalda al océano, intentamos observar que hay tierra adentro; piedras y humedad, tanta humedad que las teclas del piano adquieren un sonido distinto, como si cada vez que son presionadas algo en ellas muriera para siempre, “Minuet for a Cheap Piano Number Two” empieza y en sus 3 minutos de duración logra convertirse en la pieza más accesible del disco. Más allá de la humedad, montañas, empinadas, “Steep Hills of Vicodin Tears” continúa con nuestra narrativa y su elegancia es como un narcótico, el cello nos habla, nos invita a escalar, a poner nuestra bandera en la cima de la colina, pero somos incorpóreos y nos limitamos a contemplar y a llorar.

Contexto: el sol está a punto de ponerse, dejamos atrás a las montañas, la calma reina en el agua a nuestros pies, el piano recobra su antiguo esplendor, poco a poco el calor entra en nuestro cuerpo, ya no somos aire; tenemos peso. La superficie del lienzo está casi llena, terminamos de la misma manera que empezamos, con una melodía de piano suspendida sobre una base de amplias pinceladas de ambient.

OʼHalloran y Wiltzie han logrado algo espectacular aquí, crearon un disco emotivo y personal, las melodías son íntimas y discretas pero se contraponen con un territorio vasto y majestuoso. Las siete composiciones son un testamento no solo de la melancolía, sino de la reafirmación de la vida; a pesar de que la mortalidad está presente de manera directa en el concepto del disco, es la vida, es el recuerdo hosco y sombrío el que eventualmente desarrollará alas, se elevará y se perderá en el horizonte. En los últimos minutos del disco escuchamos el trinar lejano de pájaros, nuestro albatros victorioso vuela sobre los expirantes rayos del sol y se pierde en el horizonte, fijamos nuestra mirada en el lienzo y está en blanco.

7/20/11

Lüüp - Meadow Rituals


Past the pine woods, after dark, sings a lonely meadowlark
of horse hearts racing through the sky in a line like flying geese

Con esas imágenes pastorales y sombrías inicia Meadow Rituals, segundo álbum de Lüüp, un impresionante colectivo de 19 músicos liderados por el flautista griego Stelios Romaliadis. Con miembros provenientes de Chipre, el Reino Unido, Suecia y Grecia, estamos ante un proyecto compuesto de múltiples mosaicos musicales y culturales; y aunque en una primera escuchada el disco puede sonar algo disperso y contrastante, eventualmente se evidencia una coherencia tanto en la instrumentación como en el concepto. En Meadow Rituals podemos escuchar flauta, harpa, violín, guitarras acústica y eléctrica, balalaica, clarinete, cello, doble bajo, saxofón, mellotrón, piano, fagot, oboe, cítara, campanas y viola.

Aunque Lüüp no es el primer grupo en hacer uso de la naturaleza como el eje temático que une a las composiciones, la absoluta perfección de las melodías, la nitidez en la producción, el uso domado de los muchos instrumentos, la introducción clave de vocales, y en general la ambigüedad en cuanto a celebración de la naturaleza y/o un miedo innato hacia su melancólico dominio hacen de este disco uno de los ejemplos más sobresalientes dentro de esta estética musical.

Tanto el título del disco como el de las canciones evocan paisajes rurales que convergen en un estado ideal del hombre, en completa libertad para expresar los más profundos y arcanos secretos del alma. La música aquí es sumamente ritualista, la atmosfera es mística y esotérica, son las melodías que podrían musicalizar una historia clásica de la mitología antigua. El colectivo aborda el tema de la relación, cada vez más abismal, entre el hombre y la naturaleza, las 8 canciones están dispuestas para permitir la reflexión.

Tratar de catalogar al colectivo dentro de un género sería un ejercicio inútil, y tal vez esa sea una de las razones por las que este disco ha pasado desapercibido por tantas personas, Lüüp se introduce en las armonías del folk, se baña en las mareas de la música clásica contemporánea, juega ambivalentemente con la electrónica, colabora con al menos 4 vocalistas diferentes cuyos rangos y tonalidades son bastantes diferentes. A lo que quiero llegar es que este proyecto no tiene una etiqueta musical que englobe la ruta llena de desvíos que toman los músicos, no hay un mapa del prado, la naturaleza no es unidimensional, la naturaleza no siempre es apacible, puede llegar a matar; para mí la estética “dispar” entre las canciones hace de la experiencia de escuchar este disco algo sumamente gratificante.


El disco empieza de manera elegante con Horse Heart, unos primitivos golpes de bajo introducen le bella voz de Lisa Isaksson, la guitarra acústica acentúa la atmósfera mientras que la flauta se queda en el fondo como un espectador secundario pero imprescindible. El cello a la mitad de la canción engrandece el ritmo de manera majestuosa, ya entramos al bosque, los árboles nos dan la bienvenida pero los pocos rayos de sol se difuminan cada vez más entre el follaje, la oscuridad empieza a hacerse patente. No me atrevo a decir con total seguridad la cantidad de instrumentos que se escuchan en esta pieza, aunque si no me equivoco también hay un harpa tocando sutilmente.

Taurokathapsia empieza con un cello fuerte, la flauta y el clarinete adquieren un papel protagónico en esta pieza. De pronto un violín entra en escena y empieza a dialogar con el cello, el juego de armonías es simplemente maravilloso, la manera en que los instrumentos de viento se complementan con las cuerdas es algo fascinante. En Cream Sky se hace tangible el genio de Romaliadis para manipular la flauta, lastimosamente un instrumento muchas veces relegado de la música popular, el juego entre las dos flautas, una de ellas manipulada electrónicamente es increíble, la voz en esta canción es más prominente y al final se escucha un loop de chasquidos de dedos.

Spiraling es la pieza más larga del disco y su tono es bastante nostálgico, en Roots Growth escuchamos un saxofón errante, esta canción tiene una cierta cualidad de jazz que contrasta con todo el disco, la flauta y el saxofón entablan una conversación intrigante y la batería marca el ritmo, estas melodías no sonarían fuera de lugar en un escenario iluminado por candelas bajo una densa nube de tabaco. See You In Me tiene un juego casi chamánico de voces, hay ruidos en cada sombra, la atmosfera es amenazante a primera vista pero mientras van cayendo las capas nos acercamos a un claro en el bosque.

Ritual Of Apollo & Dionysus tiene la estructura de “música clásica” más palpable y a mi gusto es uno de los puntos altos del disco, en el último minuto un trío de instrumentos de viento crean una armonía traviesa que termina tan abruptamente como empezó. Northern Lights en la última canción y que mejor conclusión que poner al instrumento estrella, la flauta, otra vez como personaje principal; nos hemos acostado en el centro del claro del bosque, miramos hacia las estrellas y pensamos que si estas salieran solo una vez al año, pasaríamos despiertos toda la noche para verlas.